Al llegar a Fílides, te complaces en observar cuantos puentes distintos uno del otro atraviesan los canales… cuantas variedades de ventanas se asoman a las calles… cuántas especies de pavimentos cubren el suelo… En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista… “Feliz el que tiene todos los días a Fílides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla sólo rozado con la mirada.

Te ocurre a veces que te detienes en Fílides y pasas allí el resto de tus días.

Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos… Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas en zigzag de una calle a la otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allá una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde el pie tropieza si no te fijas. Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se trazan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío… Millones de ojos se alzan hasta ventanas puentes alcaparras y es como si recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que se sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa”.

Italo Calvino (Las ciudades invisibles – La ciudad y los ojos IV)

Twitter updates

RSS not configured

Sponsors